“Normalizar tu vida después de un ictus es posible, si te esfuerzas al máximo”, José Luis Meco

Mi nombre es José Luis Meco Martínez, tengo 49 años y soy de San Lorenzo de la Parrilla, un pueblecito de poco más de 1.000 habitantes de la provincia de Cuenca. Hace un año sufrí un ictus. Cuando ocurrió no fui consciente de que me estaba dando un infarto cerebral… de eso me di cuenta tres horas más tarde. Detectarlo a tiempo puede ser decisivo para evitar daños mayores y por eso quiero contar mi historia.

Aquella noche, me dormí viendo la tele y cuando desperté noté un chasquido encima de la ceja izquierda y empecé a sudar. Me levanté a echarme agua en la cara porque pensé que no sería grave y eso fue un gran error, porque si hubiera avisado en aquel momento, que aún estaba consciente, seguramente el daño hubiera sido mucho menor. Al volver del lavabo la pierna me falló y caí al suelo perdiendo el conocimiento. Tres horas después, al despertar intuí que había tenido un ictus, pero en aquel instante no sabía su repercusión. Hoy sí la conozco, me he informado, he leído y lo más importante, tengo mi propia experiencia.

Al despertar noté que apenas podía hablar, no movía ni pierna ni brazo derecho, veía borroso y me había orinado encima. Entonces llamé a los servicios médicos, me estabilizan, me suben a la ambulancia, Urgencias, una semana en la Unidad de ictus y un mes en planta en el Hospital. Fue un tiempo clave, necesitaba asumir y asimilar cuanto antes mi nueva situación. Mi condición había cambiado y debía adaptarme: cambié de casa para vivir en una más accesible y mi hermana, que es enfermera, cogió una excedencia para cuidarme.

Un mes después de salir del hospital, ingresé en el Instituto de Enfermedades Neurológicas de (IEN) de Guadalajara donde estuve rehabilitándome algo más de 5 meses. Entré en silla de ruedas con 124 kilos (133k. cuando me dio el ictus) y salí andando y con 102 kilos. Mi experiencia allí fue excelente, sus profesionales saben sobradamente qué, cómo, cuándo, dónde y porqué hacer las cosas. Salvando mucho las distancias, comparo la estancia en el IEN con el Servicio Militar, no tan estricto ni mucho menos, pero con unos hábitos y rutinas en los horarios de actividades, comidas y ocio que son claves en tu recuperación.

Sin embargo, esto no se acaba cuando te dan el alta del IEN o cualquier otro centro en el que hayas estado rehabilitándote. En tu hogar debes seguir cuidando la alimentación, tomando medicación, haciendo ejercicio, leyendo y haciendo sudokus o sopas de letras. En mi caso también fue de gran ayuda el respaldo que me brindó Adace, la Asociación de Daño Cerebral Sobrevenido de Castilla La Mancha. Con elementos fáciles de conseguir (un palo de escoba, unas pelotas de tenis o una silla) y la ayuda de Internet puedes hacer unos ejercicios diarios que te ayudarán a rehabilitar. Así conseguirás una vida saludable y recuperarás el máximo. Hay casos en los que puede ser inviable volver a estar como antes, salvo que el daño haya sido muy leve, pero hay que intentarlo siempre. Recuerda que no eres lo que logras, eres lo que superas. Sí, se puede… Y si no se puede hay que morir en el intento.